Evangelizar y vivir


En el nuevo testamento, la evangelización no parece haber sido nunca una "cuestión debatida". Es decir, no se encuentra a los apóstoles instando, exhortando, regañando, planeando y organizando programas de evangelización. En la iglesia apostólica la evangelización era algo que se daba por sentado y funcionaba sin técnicas ni programas especiales. Simplemente sucedía… brotando sin esfuerzo de la comunidad de creyentes como la luz brota del sol. Era automática, espontánea, continua, contagiosa.

Roland Allen, misionero anglicano en la China (1895-1903), pastor en Inglaterra, y autor sobre temas misioneros, contrasta como sigue el enfoque actual de la evangelización, con el del Nuevo -Testamento: "Cuando de las impacientes instancias y exhortaciones que llenan las páginas de nuestros modernos periódicos misioneros nos volvemos a las páginas del Nuevo Testamento, nos asombra la diferencia de atmósfera. San Pablo no exhorta repetidamente a sus iglesias a dar dinero para la propagación de la fe: le interesa mucho más explicarles qué es la fe, y cómo deben practicarla y mantenerla. Lo mismo se puede afirmar de San Pedro y San Juan, y de todos los escritores apostólicos. No parecen sentir necesidad alguna de repetir la gran comisión y de instar a sus convertidos a hacer discípulos en todas las naciones. Lo que leemos en el Nuevo Testamento no es una ansiosa apelación a los cristianos para que difundan el Evangelio, sino una nota aquí y allá que sugiere cómo se estaba difundiendo Y no es ésta una nota peculiar de la época apostólica, una señal de la asombrosa inspiración y el poder de la predicación y el ejemplo apostólico: durante siglos la Iglesia cristiana continuó expandiéndose por su propia gracia inherente y produjo una incesante provisión de misioneros, sin ninguna exhortación directa".

Crecimiento espontáneo

Cuatro declaraciones registradas por Lucas muestran esta expansión espontánea de la iglesia apostólica en virtud de su salud interior. "Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la Iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 246 y 47), "Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los-sacerdotes obedecían a la fe" (Hechos 6:7). "Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo" (Hechos 9:31). "Así que las iglesias eran confirmadas en la fe; y aumentaban en número cada día" (Hechos 16:5).

Al leer estos relatos del crecimiento de la iglesia primitiva es imposible dejar de advertir su espontaneidad y naturalidad. A medida que "crecía la Palabra del Señor", y los creyentes eran "edificados" y andaban "en el temor del Señor", "fortalecidos por el Espíritu Santo", eran "agregados cada día" nuevos convertidos. Debido a su salud espiritual, la iglesia apostólica experimentaba experimenta a resultados notables y efectivos en la evangelización, con suma regularidad. Es lícito afirmar que en una congregación espiritualmente robusta, la evangelización es inevitable. La falta de espíritu evangelizador o misionero, en el sentido neo testamentario, revela una pobre condición espiritual. El camino hacia el vigor en la evangelización no se basa en ningún énfasis o programa especial, sino en el arrepentimiento, la curación y la alimentación. La necesidad misma de organizar esfuerzos de evangelización especiales, revela la profunda necesidad de renovación de la iglesia. Exhortar a una iglesia estéril a evangelizar o responder a los llamados misioneros sería lo mismo que exhortar a una mujer estéril a que tenga hijos.

En el Nuevo Testamento la evangelización no era optativa. Jesús no dijo "... podéis ser mis testigos cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo". Ni tampoco era coercitiva. Jesús no dijo: "Debéis ser mis testigos.

¡Era más bien ineludible! Jesús dijo: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:8). Es decir, que el cristiano con la dinámica del Espíritu era un testigo, no porque él decidiera serlo o se viera obligado a ello, sino porque el Divino Testigo habitaba en él y obraba por medio de él. No testificaban porque tuvieran que hacerlo, sino porque no podían dejar de hacerlo. "No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído" (Hechos 4:20). "De cierto, de cierto os digo", prometió Jesús con absoluta certidumbre, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre" (Juan 14:12). Los que creían en él, harían también las cosas que Jesús había en el mundo, no porque iban a decidir hacerlas, ni porque iban a ser obligados, sino porque iban a estar dotados del mismo Espíritu que había hecho las obras en y por medio del Cristo encarnado. Por medio de discípulos poseídos por el Espíritu, el mundo sería redargüido de "pecado, de justicia y de juicio" (Juan 16:8).

Comunión y evangelización

Aquellos discípulos primitivos no eran menos humanos que nosotros, ni estaban menos sujetos a las tentaciones ni menos acosados por las debilidades e incapacidades humanas. No tenían ninguna de las llamadas ventajas de que disfrutamos nosotros en nuestras iglesias contemporáneas, debido a diez y nueve siglos de historia y tradición; su mundo era ciertamente no menos hostil al evangelio de Cristo que el nuestro; sin embargo, con su testimonio "trastornaron el mundo". Eran de una sola mente. Todos daban un mismo testimonio porque todos eran poseídos por el Espíritu Santo. Su testimonio era unánime, porque "perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2:42).

El comentarista anglicano W. H. Griffith Thomas, ha dicho: "Es un hecho, tal vez un hecho significativo, que a través de todas las epístolas del Nuevo Testamento, en las que, naturalmente, hallamos instrucción para los cristianos, haya una sola exhortación a hacer la labor de evangelización (2 Timoteo 4-5); a la vez que las apelaciones a cumplir el deber de las misiones en el extranjero brillan igualmente por su ausencia. Por otro lado, la vida cristiana, sus disposiciones y posibilidades, sus secretos y sus métodos, sus deberes y responsabilidades, se encuentran subrayadas por doquiera ¿Hay alguna conexión entre tal silencio y cal énfasis? - ¿No puede ser un recordatorio de que cuando la vida cristiana es lo que debe ser, el deber de evangelizar en todo lugar será el resultado natural y necesario, como el efecto sigue a la causa, como el arroyo sigue a la fuente?

El Nuevo Testamento muestra claramente que Jesús esperaba que cada discípulo fuera un evangelista, en el sentido de ser un testigo. Esta esperanza era de seguro cumplimiento, además, debido a la promesa del Espíritu que llenó a todos los discípulos en el aposento alto y al parecer también a todos los que fueron agregados después a la comunidad. En el Nuevo Testamento está asimismo bien claro que, a pesar de su humanidad débil y pecaminosa, aquellos primeros cristianos a menudo se exhortaban y estimulaban mutuamente: confesándose unos a otros sus faltas, orando los unos por los otros y llevando las unos las cargas de los otros, honrando y estimando cada cual a los otros más que a sí mismo. Hicieran lo que hicieran individualmente, compartían su testimonio de Cristo con otros que oraban por ellos y estudiaban con ellos la doctrina de los ap6stoles, En síntesis: la comunión era esencial para su testimonio. De hecho, la matriz de la evangelización del nuevo testamento fue la autentica comunión cristiana. El testimonio partía de la comunidad y volvía a la comunidad. "Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros rengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el padre, y con su hijo Jesucristo" (1 Juan 1:3). Parafraseando el versículo siguiente dice J.13. Phillips: ". . . mientras más se extiende la comunión, mayor es el gozo que nos trae a los que ya estamos en ella". Comentando este versículo en particular, en su exposición de 1 Juan, dice G. G. Findlay: "Tenernos un gran secreto en común, nosotros y los apóstoles. El Padre lo dijo a Jesús, Jesús a ellos, ellos a nosotros y nosotros a otros. Los que han visto y oído cosas semejantes no pueden guardar para sí el conocimiento". "Evangelizar, en su forma más pura, significa simplemente decir a los hombres lo que Dios ha hecho por ellos en Cristo" (autor desconocido).

El mundo no tiene nada que ofrecer que sea comparable a la auténtica comunión cristiana. Ninguna estructura social que cumpla una función semejante le corresponde, ni aún remotamente. Logias, clubes, fraternidades y sociedades secretas; tabernas, bares y otros lugares de reunión, son lo mejor que el secularismo pueda dar; y por cierto que están infinitamente lejos de proporcionar la satisfacción y la realización que brinda la comunión cristiana Enfrentando a esta única relación espiritual, el hombre contemporáneo, 5oflsticado, pagano halla en ella una cualidad que falta por completo en cualesquiera otras asociaciones La comunión del Nuevo Testamento es en sí y por sí misma un testimonio para el mundo, una demostración de la eficacia de la redención. El hombre no regenerado la halla atractiva, compulsiva, satisfactoria. Esto explica, al menos en parte, la observación de Lucas de que los primeros discípulos tenían "favor con todo el pueblo" (Hechos 2:47).

Sea cual fuere el impacto evangelizador que el cristiano pueda hacer en el mundo donde Cristo lo "siembra", mucho de este impacto depende de su relación con otros cristianos. La comunión es fundamental para la eficaz evangelización personal. Los métodos de evangelización nunca pueden Sustituirla. Por inteligentemente propagados y aplicados que sean, en última instancia los métodos serán fructíferos o inútiles según la calidad de la comunidad cristiana en la cual se muevan aquéllos que los usen. En este Contexto puede ser aprecia en su profundidad la significación de la notable promesa de Jesús en Mateo 18:19-20 y su envío de los discípulos de dos en dos. No es por accidente que en este punto Mateo registre la pregunta de Pedro acerca del perdón y la penetrante respuesta de nuestro Señor (Mateo 18:21-35). "Entonces" —leemos— "se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que pecare contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: no te digo hasta siete, sino aún hasta setenta veces siete",

La reconciliación es un requisito insoslayable para la comunión. En las palabras con que comienza su primera epístola, el apóstol Juan establece el carácter central de la comunión como la meta y el motivo de la evangelización. Luego instruye a sus lectores en cuanto a la naturaleza de esa comunión: una cuestión de honradez con nosotros mismos (1 Juan 1: 5-10). "Andar en tinieblas" o sea, decir "que no tenemos pecado", es engañarnos a nosotros mismos y frustrar la comunión. "Andar en luz", que significa reconocer o confesar nuestros pecados, es ser perdonado y limpiado y "tener comunión unos con otros".

La relación de los creyentes con Dios y entre ellos mismos era de suprema importancia en la iglesia apostólica. La luz, el calor y el amor, el perdón y la aceptación, que emanaban de esa comunidad única, saciaron el hambre espiritual de judíos y paganos. "¡mirad como se aman!". Decían ellos. Hombres enfermos y ahítos pecar, trataban de entender la extraña e incitante calidad de vida que distinguía a los discípulos. En una atmósfera tan atrayente, los perdidos estaban dispuestos a escuchar a aquellos que "no podían dejar de decir lo que habían visto y oído"

Hoy en día, en la evangelización personal existe la tendencia a desconocer las relaciones dentro de la comunidad cristiana y preocuparse en cambio por las relaciones del individuo cristiano con los que están fuera de la Iglesia. En consecuencia, una de las más grandes piedras de tropiezo para el mundo de fuera de la iglesia es la forma en que los cristianos se tratan los unos a los OTROS. No sería inconcebible que el mundo de hoy se inclinara a decir, con cierta justificación, al considerar a la Iglesia: "¡Mirad cuán poco se aprecian unos a otros!". La labor fiel de cristianos celosos en la evangelización personal a menudo es neutralizada por las actitudes presentes dentro de la familia cristiana. La imagen corporativa de la iglesia con frecuencia anula el testimonio fiel de sus miembros individuales. Y se da el fenómeno peculiar de algunos cristianos que, celosos de su deseo de hacer obra personal, se comportan en forma admirable entre los no creyentes, pero dentro de la comunidad cristiana actúan como el mismo diablo.

Jesús dijo: "en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35). En su lección sobre la oración (Mateo 6:6-1 5), Jesús subrayó una petición para señalarla como algo esencial en la conducta cristiana: "Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre Celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre Celestial os perdonará vuestras ofensas". Con respecto a la ofrenda como parte del culto (Mateo 5:23-24), Jesús advirtió: "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda". La descripción que hace Pablo del delicado equilibrio que Dios ha logrado en la colocación de los miembros en el cuerpo (1 Corintios 12:18-26) sugiere la más gentil y tierna de las relaciones entre los cristianos: ". . . los miembros todos se preocupan los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan". Roland Allen describe la expansión espontánea de la iglesia como algo que "sigue la irresistible atracción que la iglesia cristiana tiene para las personas que ven su vida ordenada, y son atraídas a ella por el deseo de descubrir ella por el deseo de descubrir el secreto de una vida que ellos instintivamente desean compartir".

Toda evangelización nace de una relación semejante, y la evangelización personal en el verdadero sentido neo testamentario será el fruto inevitable y abundante de esta renovación de la iglesia. Fuera de este contexto, los métodos de evangelización personal hasta pueden ser peligrosos. Métodos erróneamente concebidos pueden atraer, adoctrinar y regimentar a ciertas personas celosas en forma tal que se constituyan en una "élite espiritual" de individuos tan preocupados por los "resultados", que tiendan a pensar de sí mismos como superiores a quienes no tienen esa inclinación. Además, tiende también a producir en el resto de la comunidad cristiana la falsa impresión de que sin un curso especial de obra personal y sin el dominio de ciertos métodos de evangelización, uno no está capacitado para dar testimonio a un extraño. No desdeñamos los métodos que se enseñan y practican adecuadamente (el Espíritu Santo usa medios); insistimos, más bien, en que siempre deben mantenerse dentro del contexto de la vida total de la comunidad cristiana y subordinados al ministerio del Espíritu de Dios en los creyentes, como individuos y como cuerpo.

La evangelización, según la mejor tradición neotestamentaria, es la vocación de todo creyente; para ello el Espíritu Santo de Dios lo capacitará mediante "la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna), el partimiento del pan y las oraciones". Cualquier metodología que produzca una cierta clase de evangelista semi-profesional dentro de la comunidad cristiana, y que sugiera además la idea de que la evangelización personal está limitada a aquellos que tienen tiempo y/o inclinación para tomar cursos especiales y aprender métodos especiales, atenta contra el principio que señala la responsabilidad de todo cristiano en la evangelización, justifica a aquellos que son negligentes, y desalienta a los que no pueden estudiar y dominar esas técnicas. En tal situación, la característica distintiva no es la relación con Jesucristo, con el Espíritu Santo y con los demás miembros de la familia cristiana, sino más bien un "sistema" artificial que, por más eficazmente que sea aplicado por sus proponentes, tiende a hacer que todos los demás voluntaria o involuntariamente, se sientan inútiles en lo que a la evangelización concierne.

Iglesia y organismos auxiliares

En este punto, es importante distinguir entre la comunidad cristiana en general y aquellas organizaciones independientes fundadas para una acción evangelizadora especializada, dirigida hacia un grupo o grupos en particular. Lo que se dice en este trabajo se refiere a la congregación cristiana tal como existe en su forma natural: un microcosmos de la iglesia universal, un conglomerado heterogéneo unido en una comunidad particular. No se aplica a organizaciones especializadas, de naturaleza homogénea, cuyos miembros pertenecen a distintas congregaciones y usan métodos uniformes, preparados para una finalidad evangelizadora claramente definida y limitada. Hasta donde puede decirlo el autor, el Nuevo Testamento no contiene instrucciones específicas para tales grupos, sino más bien se dirige a la familia cristiana en su totalidad: los fuertes y los débiles, los atractivos y los sin atractivo, los más dotados y los menos dotados, los brillantes y los humildes. La Iglesia de Cristo está formada por toda clase de ovejas. "Uno siembra, otro riega, mas Dios da el crecimiento". La Iglesia tiene sus Pablos y sus Bernabés, sus Pedros y sus Felipes, sus Estébanes y sus Simones, sus Marías y sus Martas.

Esto sugiere otro grave peligro para una metodología que no tome en cuenta al ministerio del Espíritu Santo en la totalidad de la comunidad cristiana. Es la tendencia a la uniformidad la que le impide a un cristiano ser él mismo en la plenitud del Espíritu Santo y de la comunión. Bajo tales condiciones, la influencia que como cristiano pueda producir es distinta a la que produciría si fuera realmente él mismo, único entre todos los cristianos en su manera de llevar su influencia de Cristo a aquellos entre quienes está colocado y para los cuales está particularmente adaptado. En cambio, bajo la presión del sistema, tiende a imitar a aquél cuyos métodos está aprendiendo. Se parte del supuesto de que lo que sirve para uno tiene que servir para todos. Esta generalización puede ser válida dentro de ciertos límites; pero si impide que un cristiano se encuentre con los dones que le fueron dados al nacer o con aquellos que le son otorgados por el Espíritu Santo, entonces ese sistema es subcristiano y peligroso.

El único manual completamente seguro y fidedigno sobre evangelizaci6n y testimonio personal es el Nuevo Testamento; pero lo cierto es que mientras más lo estudiamos menos posible resulta deducir de él un sistema de métodos de evangelizaci6n personal. Jesús empleaba un enfoque distinto con cada persona. A Nicodemo le recordó que "debía nacer de nuevo"; palabras que, por lo que sabemos, no le dijo a ninguna otra persona. Junto al pozo, le habló a la mujer samaritana de manera muy distinta. Y con el joven rico o con el doctor de la ley empleó técnicas enteramente diferentes. La forma en que trató al hombre ciego de nacimiento no sólo fue diferente de la empleada con las demás personas, sino aún de la empleada con otros ciegos. Jesús no trataba a dos personas de la misma manera. Sus formas de tratar a los hombres eran tan diversas como aquellos con quienes conversaba y razonaba. Sólo un factor permanecía constante en los contactos de Jesús con los hombres, y éste era su presencia personal. Esta misma presencia y asistencia está garantiza da a todo el que hace la labor de evangelista en la plenitud del Espíritu Santo (Mateo 28:20).

El sistema de Andrés era diferente del de Pedro, y ambos diferían del de Pablo, quien había determinado "hacerse igual a cada uno, para que de alguna manera pueda salvar a algunos". Ni Pedro ni Pablo establecieron sistemas o métodos, salvo en el más general de los sentidos, por medio de los cuales sus discípulos pudieran propagar el evangelio. "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros", había exhortado Pablo a su joven discípulo Timoteo (2 Timoteo 2:2), y así era como transmitía él sus métodos a sus discípulos. Ellos debían transmitir el mensaje a hombres que a su vez los transmitieran a otros; la forma en que ese mensaje debía propagarse quedaba librada a la personalidad y las dotes de cada mensajero. De hecho, nadie insistió tan enfáticamente como Pablo sobre la diversidad de cada cristiano en cuanto testigo: "Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función. ." (Romanos 12:3-4). El exhort6 a cada cristiano a "andar como es digno de la vocación con que fuisteis llamados". Escribió: "... a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo" (Efesios 4:7) Describió "todo el cuerpo bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro..." (Efesios 4:16).

Pablo comprendía la maravillosa diversidad en el cuerpo y la interdependencia de todas sus partes: "Si dijere el pie: porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Luego, con lógica irresistible, pregunta: "Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato ?… Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?" (1 Corintios 12:15-19). La diversidad es esencial- a la unidad de la Iglesia, y destruir esa diversidad es destruir la unidad- Por noble que sea su propósito debemos guardarnos de los métodos institucionalizados que adoctrinan, regimientan y conforman a cada cristiano a un molde común ó a ser una copia en papel carbónico.

Donde se da más claramente la interpretación paulina de la misión de la iglesia es en su carta a los Efesios, donde describe la forma en que Cristo dio dones a, los hombres: "Y él mismo constituyó a unos apóstoles; a otros profetas; a otros evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo" (Efesios 4:11-12). Cada cristiano es equipado "para la obra del ministerio" al recibir el poder del Espíritu Santo y ser instruido en la doctrina de los apóstoles, en la comunión fraternal, en el partimiento del pan y en las oraciones junto con los otros discípulos. Es capacitado para testificar de la realidad y pertinencia de Jesucristo en base a su experiencia personal; es capacitado para comunicar a otro los hechos relacionados con Jesucristo sobre lo cuáles se basa esa relación personal. Instruido en las Escrituras tiene una fe defendible y es capaz de "responder a los que le preguntan, dando razón de la esperanza que hay en él". Y todo esto lo hace a su manera y con las palabras que él mismo elige, entre aquellos con quienes está relacionado dondequiera que el Señor los haya "sembrado" en el mundo. "La expansión espontánea comienza con el esfuerzo del individuo cristiano por ayudar a su prójimo, cuando la experiencia común, las dificultades comunes, el trabajo común han unido primero a los dos. Es esa igualdad de comunidad y experiencia lo que hace que el uno entregue el mensaje en términos que el otro puede entender, y hace que el oyente enfoque el tema con simpatía y confianza —con simpatía, porque la experiencia común hace fácil y natural la aproximación; con confianza, porque el uno está acostumbrado a entender lo que el otro dice y espera entenderlo ahora".

Ahora bien, poseído por el Espíritu Santo el cristiano se convierte en un testigo de Cristo en todo lo que hace, dondequiera que esté, veinticuatro horas al día, siete días por semana. Reconoce que ha sido "asido por Cristo" con un propósito y, como Pablo, trata de "asir" ese propósito (Filipenses 3:12). Todo lo que hace, aún las cosas mis triviales, lo hace para la gloria de Dios. Cree que está donde está no por circunstancias accidentales sino por la soberana decisión de Dios. Su testimonio comienza donde se encuentra, en lo que está haciendo, entre aquello con quienes está asociado. La expansión espontánea es "aquella expansión que sigue a la actividad no organizada ni forzada de los miembros de la Iglesia que individualmente explican a otros el Evangelio que han hallado para sí mismos".

¿Qué se debe hacer para conducir a los cristianos a este testimonio positivo, efectivo? ¿Qué medios hay que usar para garantizar que todo cristiano cumpla su vocación como Cristo lo espera, utilizando los métodos que le sean propios en el Espíritu y adecuados a aquellos entre quienes Cristo lo "planta" y a quienes lo envía?

  • Cada creyente debe llegar a comprender que el ministerio de la proclamación pertenece a todos los cristianos. No está reservado a los relativamente pocos profesionales especialmente capacitados e instruidos para evangelizar; ni puede ser delegado en un grupo semi-profesional que haya recibido un entrenamiento especial en técnicas de evangelización. La dinámica del Espíritu Santo capacita a todo cristiano para testificar, y Jesucristo ha prometido su Espíritu a todos los creyentes. Así como obró en la encarnación, el Espíritu Santo obrará ahora a través de todos los que creen en él. En realidad hay un solo Evangelista, un solo Misionero, un solo Predicador, un solo Testigo; y ese Uno es el Espíritu Santo, que obra en y a través de todos los que toman en serio a Cristo y a su misión. La Gran Comisión es la obligación personal, ineludible de cada cristiano, ¡sin excepción!
  • Teniendo constantemente en cuenta esta visión de la responsabilidad personal en la evangelización, los cristianos deben ser instruidos en las Escrituras a fin de que conozcan la persona de Cristo y su misión en la historia, la razón de su muerte en la cruz y el significado de su resurrección.
  • Deben saber que la lucha en que están empeñados en la evangelización es una lucha "espiritual", y que la única arma que Dios ha provisto para ese conflicto es la "espada del Espíritu, que es la palabra de Dios" (Efesios 6:17). Su disciplina principal, en consecuencia, ha de ser el estudio de las Escrituras a fin de ser cada vez más diestros en su uso (2º Timoteo 3:14-17).
  • Los cristianos deben ser estimulados a no pensar en su debilidad, como Pablo (1 Corintios 2:3); deben aprender a depender de la eficacia de su arma y de la presencia y el poder del Espíritu Santo. Aquí también la inclinación a depender de los métodos más bien que del Espíritu Santo, puede ser un peligro. Difundir métodos de evangelización personal, si no se está debidamente en guardia, puede implicar que uno debe "confiar en la fuerza" o tratar de ser, en cierto modo, más fuerte que aquéllos a quienes les habla. Es casi como si el convertido en potencia debiera ser "conquistado", un resultado que exige una fuerza superior de parte del evangelista. Si no se previene contra esto y se cuida, el evangelista tiene la idea de que no obtener una decisión significa un fracaso, y que los métodos tienen el propio de evitar esto. Bajo esa compulsión se deben reforzar los argumentos, refirmar el enfoque, perfeccionar las tácticas para lograr máximos resultados. Es tan fácil pasar por alto el hecho de que Jesús a menudo no obtuvo una respuesta positiva. El joven rico, por ejemplo, "se fue triste". La estrategia del esfuerzo humano es el camino del mundo; el camino del Espíritu es otro: "para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios" (1 Corintios 2.5). ¡La debilidad es una positiva ventaja para el cristiano! (2 Corintios 12:10).
  • Los cristianos deben unirse con otros en auténtica comunión, a fin de compartir sus experiencias, caigas, victorias y derrotas, debilidades y fallas, esperanzas y aspiraciones. Deben tener oportunidad de orar unos por otros, de llevar los unos las cargas de los otros, de exhortarse, reprenderse y amonestarse unos a otros "con salmos e himnos y canciones espirituales". Deben estudiar juntos las Escrituras y aprender unos de otros según el Espíritu de Dios los ilumine. Deben aprender a tomar en serio las profundas promesas del Señor, en Mateo 18:19-20; Lucas 1i:13; Juan 14:12; Hechos 1:8; y muchas más.
  • Los cristianos deben concebir sus vidas como parte de un plan de Dios, considerar lo que hacen como una sagrada vocación, y el lugar donde están como el lugar en que Dios los ha puesto. Deben saber que sus tareas ordinarias, realizadas como para el Señor, son tan productivas para la eternidad como lo son las de su pastor. Deben saber que Dios, los ha colocado donde están como sus contactos, sus centros de distribución, sus agentes, sus embajadores, sus vasos; a través de los cuales él habla, ama y obra. Deben creer que si el mundo en el cual viven, trabajan y conviven, ha de ser evangelizado, ellos son los medios que el Espíritu Dios ha de emplear.
  • Hay que estimular a los cristianos a ser aquello paras lo que Dios los ha capacitado; darse a Cristo como sacrificios vivos, por medio de los cuales pueda ser demostrada su voluntad (Romanos 12:1-2). Deben aprender a depender implícitamente de que el Espíritu que habita ellos hace la obra de Cristo por ellos y testifica di Cristo por medio de ellos. Y deben aprender a andar por fe en lo que concierne a resultados comprendiendo que no hay criterios adecuados por los cuales el cristiano pueda medir su efectividad. Deben comprender que el desear tales criterios a Fin de poder medir el éxito que tienen es una suerte de codicia inconveniente; en realidad, puede ser una satisfacción egoísta que esté en directa oposición a la exhortación de nuestro Señor a negarnos a nosotros mismos (Lucas 9:23 compárese con Lucas 10:20). El éxito como tal es una ilusión; "se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel" (1 Corintios 4:2). Deben aprender a "andar por fe" también en esto, y a dejar al Señor los resultados de su andar y su testimonio.
  • Los cristianos deberían recordar comúnmente la lección de Juan 15, de que el que "permanece" en Cristo y en quién su Palabra "permanece" dará mucho fruto. La estrategia básica para la máxima efectividad cristiana es la vida permanente. Cuando permanecemos en Él y su Palabra permanece en nosotros, podemos estar seguros de que el fruto será abundante. No porque lo veamos, sino porque permanecemos.

Las ocho sugerencias anteriores colocan una tremenda obligación sobre los que son profetas, evangelistas, pastores, y maestros. Estos, que han sido dados por Cristo a la Iglesia, tienen su propia tarea claramente determinada. Su responsabilidad es "hacer su trabajo de servicio para hacer crecer el cuerpo de Cristo" (Efesios 4:12, Versión Popular); cueste lo que cueste en predicación, enseñanza, comunión, consejo y dirección.

Los métodos de evangelización son incontables. Son tan numerosos y diversos como la gran cantidad de personas a las que se debe llegar, más todas aquellas que han de alcanzarlas. La tarea de alcance mundial de la evangelización no se realizará si la organizamos como si fuera un departamento de la iglesia que requiriera énfasis y esfuerzos crecientes, sino por la renovación de la iglesia con una nueva infusión de la vida del Espíritu. En el prefacio a su famosa traducción de las epístolas J. B. Phillips lo ha expresado vívidamente. "Hay otra observación que hacer antes de que sean leídas estas cartas. Sin entrar en cansadores detalles históricos, necesitamos recordar que fueron escritas contra el trasfondo de un medio ambiente pagano, en el cual vivían sus destinatarios. No había iglesias, ni día domingo, ni libros acerca de la fe. La esclavitud, la inmoralidad sexual, la crueldad, el endurecimiento ante el sufrimiento humano, y una baja norma moral en la opinión pública eran universales; los viajes y las comunicaciones eran escasos y peligrosos; la mayor parte de la gente era analfabeta. Hoy en día muchos cristianos hablan de las dificultades de nuestra época como si tuviéramos que esperar tiempos mejores antes que la religión cristiana pueda echar raíces. Es alentador recordar que esta fe echó raíces y floreció asombrosamente en condiciones que hubieran matado .en cuestión de semanas a cualquier otra cosa menos vital.

"Aquellos primeros cristianos estaban inflamados por la convicción de que, por medio de Cristo, se habían convertido literalmente en hijos de Dios; eran los pioneros de una nueva humanidad, fundadores de un nuevo Reino. Ellos hablan todavía a través de los siglos. Tal vez si nosotros creyéramos lo que ellos creyeron, podríamos lograr lo que ellos lograron".

Comentarios

  1. Me parecen mas que excelentes los comentarios de este escrito, sobre todo por la veracidad de cada uno de ellos. Creo que hemos hecho de la religión algo tan metódico y burocrático que ha llegado al extremo de parecer aburrido para quienes están fuera de ella.

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  2. oye toño, gracias por tu comentario, muy bueno tu blog.

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