Aquel a quien me inclino sólo sabe a quién me inclino Cuando pronunciar el Nombre inefable, murmurándole, Y sueño fantasías de Fidias y abrazo en mi corazón Símbolos (lo sé) que no pueden ser lo que Tú eres. Así siempre, tomándoles la palabra, todas las oraciones blasfeman Adorando con frágiles imágenes un sueño folklórico, Y todos los hombres en sus oraciones, autoengañados, dirigen Las monedas de sus pensamientos inquietos, a no ser que Tú en magnética misericordia las desvies hacia Ti mismo Nuestras flechas, torpemente apuntadas, más allá del desierto; Y todos los hombres son idólatras, clamando sin ser escuchados A un ídolo sordo, si tú les tomas la palabra. No tomes, oh Señor, nuestro sentido literal. Señor, en tu gran discurso intacto traduce nuestra metáfora cojeante. C. S. Lewis, Footnote to all Prayers, traducción libre. Fuente: Emergent Nazarenes