Evangelización e ideología: una confrontación
Hans Bürki
La evangelización personal y en grupos es la expresión inevitable de una espiritualidad viril y de una comunión genuina. Nuestra preocupación común, entonces, es la de averiguar por qué hay tan poco de esa madurez espiritual, tan poco de esa comunión que provoca al amor.
Hay muchas iglesias e instituciones misioneras que parecen moverse dentro de un círculo vicioso en el cual dan a luz hijos según su propia imagen y semejanza. Es decir, aquellos cristianos que tienen muy bajos niveles de vida de fe serán un ejemplo de muy bajo nivel en lo que se refiere a la entrada en el camino de Cristo.
Cuando un grupo de cristianos tiene una vida de comunión deficiente, engendrará nuevos creyentes que, siguiendo por el mismo camino, no harán otra cosa que rendirse aceptando los modelos y costumbres estereotipados del grupo cristiano. Estos nuevos creyentes tendrán también muy poca disposición a evangelizar y comunicar su fe en forma pertinente y, en vez de llegar a ser la fuente de inspiración y de amor floreciente, lo que harán será consolidar al grupo en la pobre y estéril vida que han aceptado como normal.
La práctica actual de la evangelización
Si es que hemos de poner fin a este estado de cosas y ver un cambio, debemos atacar el problema en sus raíces, esto es, en la práctica de la evangelización tal como se da hoy en día. No podemos ignorar la observación de que buena parte del esfuerzo evangelizador, tanto personal como corporativo, contribuye directamente al surgimiento de un nuevo tipo de cristiano nominal No será igual a aquellos que muestran su certificado de bautismo o que basan toda su fe en los sacramentos; sin embargo lo que ha hecho es "aceptar el llamado", "pasar al frente", "firmar una tarjeta de decisión", "decir una oración en presencia de un consejero". Ha "tenido una experiencia". Dicho brevemente: "Ha aceptado al Señor Jesucristo como su Salvador personal", según reza la frase peligrosamente estereotipada. Como resulta que de inmediato es admitido en el grupo cuyo nivel espiritual es bajo, ni el nuevo ni los otros se dan cuenta de que su conversión no ha sido más que un proceso psicológico de lavado cerebral v no la obra regeneradora del Espíritu de Dios en el alma humana.
La cuestión importante es averiguar por qué la práctica de la evangelización (personal o corporativa) de manera creciente deforma y distorsiona la doctrina de la evangelización. La respuesta que voy a proponer para que sea discutida y evaluada podría resumirse en la siguiente afirmación: la aberración que se observa en la práctica es causada por una adulteración ideológica de la fe cristiana. Los motivos moldean los métodos. La influencia de la forma ideológica de pensar actualmente es tan sutil y devastadora como lo fue el gnosticismo de socavó la fe cristiana en los primeros siglos.
La influencia de la forma ideológica de pensar
Una ideología es un sistema total de pensamiento y acción erigido para justificar y consolidar la posición de un partido político, una clase social, un grupo cultural o una institución religiosa. Por medio del adoctrinamiento y la propaganda se consigue moldear y manipular a un cierto número de personas metiéndolas dentro de Un patrón común de creencia y conducta. Los intereses de este grupo se justifican mediante argumentos filosóficos, históricos o religiosos de los cuales se deducen "ideológicamente". Ciertas pretensiones al poder e influencia. Signos típicos de la ideología en acción son: el énfasis en la opinión pública, la propaganda, el prestigio, el nombre, el título, las relaciones, la eficiencia, los resultados, la modernidad, la actualidad, las estadísticas, el dinero y la influencia. También se sospecha de cualquier persona o grupo, que estando dentro, pone en duda la validez de los presupuestos ideológicos o muestra algo de comprensión hacia las prácticas positivas de otras instituciones. Se observa también una mezcla de motivaciones —políticas, económicas, culturales, religiosas— que a menudo se racionalizan con argumentos pseudo-científicos, y una guerra competitiva entre ideologías opuestas. Finalmente, lo que resulta más evidente es la simplificación de las complejidades de la vida por medio de formas de lenguaje rígidamente estereotipadas.
Algunos afirman que la única salvaguarda contra estas tendencias ideológicas es la congregación cristiana, la Iglesia. Distinguen, entonces, entre "la comunidad cristiana en general y aquellas organizaciones independientes fundadas para un esfuerzo evangelizador en forma especializada a un grupo o grupos en particular" (R. Halverson) Se considera que la congregación cristiana es una comunidad heterogénea en contraste con los grupos homogéneos u organizaciones especializadas.
Sin embargo, esta distinción entre la iglesia como "organismo natural" y estos grupos como "organizaciones uniformes", es muy relativa. Si miramos las cosas desde una perspectiva amplia, las iglesias son también grupos homogéneos. Muchas de ellas tienen una membresía que es de clase media típica, con su correspondiente mentalidad. En los suburbios acomodados de las grandes ciudades, por ejemplo, las iglesias reúnen a un grupo claramente definido, totalmente diferente del que constituye una iglesia rural, y así sucesivamente. Por otro lado la posibilidad de que algunas organizaciones tengan una composición heterogénea no está excluida del todo La diversidad creativa de cualquier grupo no depende de su forma peculiar: es el fruto del trabajo y el amor mutuos. Las congregaciones no están libres del adoctrinamiento teológico. La cuantificación de la vida de la iglesia (estadísticas de asistencia, de conversiones, de ofrendas, etc.) y la preponderancia de la actividad centralizada -alrededor de los dones de un hombre pueden ser tan persistentes que equivalen al manejo distorsionado de una organización independiente.
Hay innumerables iglesias que se glorían en el hecho de que en ellas cada domingo "se hace la invitación" y los convertidos se agregan la congregación. Si uno viaja y observa que a lo largo de todo un continente, el "llamado" y sus resultados tienen una similaridad que resulta sorprendente cuando no chocante; uno se inclina a atribuir tales conversiones a la manipulación de ciertos grupos de presión ideológica que se llaman "congregaciones cristianas" más bien que a la actuación inefable de Dios "el Espíritu que sopla donde quiere, cuando quiere y como quiere". De hecho, "debemos ponernos en guardia contra los métodos institucionalizados que adoctrinan, regimentan y moldean a cada cristiano dentro de un patrón común, como si fuese una copia hecha con papel carbón (R. Halverson)
Iglesias y organizaciones
Habría que hacer que esta alarmante exhortación llegase y fuese recibida por cada grupo que es una expresión visible de la comunión y acción cristianas. Si las iglesias constituidas y las organizaciones independientes se echasen mutuamente la culpa por este estado de cosas, se trataría de una forma ideológica de pensar. Lo mismo si las organizaciones justificasen su existencia como una acusación contra las iglesias o si, al contrario, las iglesias hiciesen lo mismo respeto a las organizaciones. Se ha dicho que "el Nuevo Testamento no contiene indicaciones específicas para tales grupos". De esta declaración no se puede sacar conclusiones negativas. El Nuevo Testamento tampoco hace referencia a Biblias impresas, a edificios eclesiásticos, a sociedades misioneras, etc. Al mismo tiempo que la expansión geográfica de la actividad misionera llega a su clímax surgen nuevas formas y áreas de actividad evangelizadora pionera.
Debemos mencionar aquí dos de los fenómenos más significativos de nuestro siglo: el crecimiento universal, sin precedentes, de la población urbana y el crecimiento igualmente incomparable del número de universidades y estudiantes alrededor de todo el mundo. Mientras que hasta hace unos cincuenta años la educación universitaria era un lujo económico, hoy en día se ha vuelto una necesidad nacional y económica. La urbanización de las sociedades industriales y la socializaci6n de la ciencia se han hecho interdependientes.
Y así como según el Nuevo Testamento los evangelistas eran llamados a abrir nuevas áreas geográficas al Evangelio de Jesucristo, así el mismo Espíritu puede "apartar para El" pioneros en estas nuevas áreas sociológicas.
Abriendo surcos en estas nuevas áreas Sociológicas
Los individuos, personas y grupos que realizan esta labor pionera necesitan ser salvaguardados, mediante la amorosa preocupación de todas las congregaciones locales en todo el mundo, de las trampas que van a encontrar en su propio camino. A su vez estos movimientos pioneros tienen que provocar a las iglesias existentes a un amor creador y a buenas obras con respecto a las nuevas áreas que hay que evangelizar. Mientras por un lado las iglesias establecidas tienden a caer en la inercia y el formalismo legalista, por otro lado los movimientos independientes están en grave peligro de confundir su dinamismo extensivo —que en forma por demás sospechosa suelen llamar "evangelización agresiva"— con la obra del Espíritu de Dios. Estas dos aberraciones hacen que los cristianos sean más vulnerables a la contagiosa y creciente distorsión ideológica de la fe cristiana,
Una gran parte de la presente población mundial (especialmente entre los universitarios e intelectuales) se vuelve más y más refractaria a la más leve indicación de prácticas adoctrinadoras. Estas personas probarán deliberadamente si el interés de los cristianos en ellos es genuino. Buena parte del llamado problema de "consolidación" o "follow-up" revela una falta de verdadera preocupación por la vida total de los demás. Si aquél que es el objeto nuestro esfuerzo se convierte, entonces e considera que se ha conseguido el resultado que se buscaba y por lo tanto hay que despreocuparse ya de tal persona. Si no se rindió a la persuasión, ¡él tiene la culpa y la falta es suya! ¡Ya ha escuchado el evangelio y el deber del creyente se ha cumplido! Esta actitud prueba que el interés personal en la conversión de otros tiene motivaciones ideológicas. El fracaso tan extendido de la "consolidación" (follow-up) no se da tan sólo en las instituciones misioneras y organizaciones interdenominacionales de evangelización, sino también en las congregaciones locales y hasta en los esfuerzos individuales.
Este fracaso es la mejor prueba de que sólo el testimonio que procede de una comunión en amor conducirá en forma natural a la comunión del amor mutuo y la estima. El interés y la adhesión producidos artificialmente tendrán que mantenerse por medios artificiales de adoctrinamiento y control continuos.
Liberación de las ideologías
Otro gran sector de la población mundial (en él cual hay también intelectuales) se muestran crecientemente propenso al adoctrinamiento ideológico. Resulta grande el peligro de forzar sobre estas personas una "ideología cristiana". Cuando quiera que se presenta la "forma de vida cristiana" como superior a cualquier otra forma de vida, hay un sutil malentendido que se desliza subrepticiamente. Para decirlo simplemente: la forma cristiana de vida es en primer lugar una forma de muerte. La salvación no es un medio para "alcanzar la felicidad" o el éxito o el equilibrio psicológico; es más bien la salvación de la muerte, condenación y juicio, para Dios. No es que la vida, la paz y el gozo estén excluidos de la experiencia cristiana, sino que la base de todo ello es asunto eterno y no temporal. Exactamente esta negación y pérdida de la realidad eterna es la que marca de manera más significativa el pensar ideológico.
Al cristiano no se lo libra del sufrimiento, el hambre, la persecución, la guerra, la enfermedad física y mental, el fracaso y la oscuridad aún hasta el borde de la desesperación.
Hemos llega o aquí al fundamento mismo en el cual la evangelización bíblica tendrá que basarse para poder detener y superar los avances de la distorsión ideológica de la fe cristiana. El verdadero celo evangelizador sólo puede surgir de la coherencia ilimitada del cristiano con toda la humanidad, y de la compasión incondicional por todos los seres creados (Ver Jonás4:11; Hebreos 2:17 y 18; 1º Corintios 9:19). Los cristianos pueden presentar honestamente el "Evangelio", es decir las gozosas nuevas del amor de Dios en Cristo, solamente si es que sus vidas testifican de la esperanza gloriosa de que toda "la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Romanos 8:21). Al hombre no se le pide solamente que se encuentre con Jesucristo como su Salvador, que lo salva personalmente de la perdición total. Este aspecto tomado aisladamente lleva en forma inevitable a entender en forma egoísta y estrecha la experiencia de salvación. Cristo tiene que ser presentado y recibido también como la Cabeza del cuerpo que es su Iglesia. El detenerse aquí puede todavía conducir a un abuso ideológico: "Tiene usted que salvarse para poder unirse a nuestra iglesia o grupo". La Iglesia no es un fin en sí misma. Cristo ha de ser honrado como el Señor y Mediador del universo todo. Su redención tiene consecuencias eternas para la totalidad del universo creado.
El Cristo personal del individuo, el Cristo corporativo de la iglesia, el Cristo cósmico del universo: El es el único mediador de creación y salvación por medio del cual se completa el designio divino. Esta plenitud de Cristo restaurará al pecador que crea a la plenitud de lo que fue su destino original: ser el rey de la tierra bajo la regia soberanía del Señor de todo.
Por lo tanto la evangelización cristiana genuina nunca hará de los hombres medios para un fin, como forzosamente lo hacen las ideologías. "También les dijo: el día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto el Hijo del Hombre es Señor aún del día de reposo" (Marcos 2:27 y 28). La verdad es que todas las motivaciones y métodos, todas las instituciones y organizaciones tendrán que ser puesta y mantenidas en subordinación al hombre, quien tiene el honor de estar en pie o de caer ante su propio Señor.
Revista Christianity Today, año 1966.
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No me la calo.