El Dios lógico, racional, el ens summum , el primum movems , el Ser Supremo de la filosofía teológica, aquel a que se llega por los tres famosos caminos de negación, eminencia y causalidad, viae negationis , eminentiae , causalitatis no es más que una idea de Dios, algo muerto. Las tradicionales y tantas veces debatidas pruebas de su existencia no son, en el fondo, sino un intento vano de determinar su esencia; porque como hacía muy bien notar Vinet , la existencia se saca de la esencia, y decir que Dios existe, sin decir qué es Dios y cómo es, equivale a no decir nada.