Encerramos a Dios
Encerramos a Dios
lo colgamos en vitrales,
le damos entrada
con música de organo
y coros
Lo atamos
con rituales,
le cosquilleamos con oraciones
y le entrenamos
para ser nuestra mascota.
Libremente le hacemos
Despojarnos de nuestra culpa
de explotar demasiado,
de tener demasiado,
de gastar demasiado,
de vivir muy cómodamente
El Dios del desierto,
alguna vez celoso y salvaje;
es ahora un amuleto
en una encantadora pulsera.
— Yorifumi Yagucchi. Sapporo, Japón.
Fuente: ardegas.blogspot.com
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No me la calo.