¿De dónde viene la costumbre del Celibato Sacerdotal?

A propósito del "escándalo" del padre Alberto y del cual todos comentan y se lamentan y otros denuncian y otros apoyan, quiero compartir con ustedes el origen de la práctica del Celibato Sacerdotal

Una práctica ascética

Como una forma de ascetismo (pensamiento dualista que opone el cuerpo al espíritu, considerando éste superior a aquel), el celibato se practica en muchas tradiciones religiosas: en los monasterios del budismo, en el jainismo, en el hinduismo… Lo practicaron también en el judaísmo los esenios, en tiempos de Jesús. Los sacerdotes del Antiguo Testamento no, ellos se casaban y tenían familia. También se casaban los presbíteros y dirigentes de las primeras comunidades cristianas, tal como aparece en los textos bíblicos del Nuevo Testamento. San Pablo sólo recomendó que quienes llegaran al cargo de obispos fueran maridos de una sola mujer (1° Timoteo 3,2-5).

De dónde viene la ley: breve historia de catorce siglos

El historiador y escritor chileno Iván Ljubetic Vargas aporta estos datos sintéticos de la historia de la ley del celibato:

En los siglos I, II y III la mayoría de los presbíteros estaban casados. A partir del siglo IV se fue imponiendo la idea de que sacerdocio y matrimonio eran incompatibles. En el Concilio de Elvira (año 306) se aprobó un decreto que señalaba: Todo sacerdote que duerma con su esposa la noche antes de celebrar misa perderá su cargo. El Concilio de Nicea (año 325) determinó, por primera vez, que los sacerdotes no podían ser casados. Pero esta disposición no fue acatada.

El Concilio de Tours II (año 567) estableció que todo clérigo que sea hallado en la cama con su esposa será excomulgado por un año y reducido al estado de laico. El Papa Pelagio II (575-590) ordenó que no se reprendiera a los sacerdotes casados siempre que no pasaran las propiedades de la iglesia a sus esposas o hijos. Su decreto sobre el tema (año 580) es revelador: por primera vez se exponían explícitamente las verdaderas razones materiales y económicas de la exigencia del celibato sacerdotal: la herencia de propiedades.

Desde el Concilio de Nicea hasta el siglo X tuvieron lugar una serie de sínodos locales que tocaron el tema del celibato. En algunos se exigía a los sacerdotes casados abandonar a sus esposas. En otros, se les permitía vivir con ellas. En otros, se permitía la convivencia siempre que el sacerdote se comprometiera a mantenerse con una sola mujer. En ese período de seis siglos hubo once Papas que fueron hijos de un Papa o de otros clérigos.

En el siglo VII la mayoría de los sacerdotes franceses estaban casados. En el octavo Concilio de Toledo (año 653) se estableció que las esposas de los sacerdotes podían ser vendidas como esclavas. El Papa León XI, que gobernó la iglesia en el siglo XI, estableció que las mujeres de los sacerdotes pasaran a servir como esclavas en el palacio romano de Letrán.

A pesar de todo esto, en el siglo VIII, San Bonifacio informaba al papa que en Alemania casi ningún obispo o sacerdote era célibe. En el Concilio de Aix-la-Chapelle (año 836), se admitió que en conventos y monasterios se realizaban abortos e infanticidios para encubrir las relaciones sexuales de los clérigos.

Hay que tener en cuenta el trasfondo económico de todo esto. Desde el siglo V la iglesia católica fue convirtiéndose en la entidad más poderosa de Europa, la mayor latifundista del continente. Los espacios económicos de mayor poder fueron los monasterios. En el siglo X sobresalía el monasterio de Cluny. Según el modelo de ese monasterio se organizaron centenares de conventos en Europa. A la cabeza de esta red de conventos quedó el Papa de Roma, como propietario de enormes riquezas y latifundios. En aquel tiempo, Papas, cardenales, arzobispos, obispos y abades pertenecían todos a la nobleza feudal, que ampliaba permanentemente sus propiedades gracias a los laicos, que hacían donaciones y testamentos a las autoridades eclesiásticas para así obtener el perdón de sus pecados.

Cuando en los siglos X y XI se iniciaron las sublevaciones de los siervos contra los señores, la iglesia temió por la suerte de tantos bienes. Ante esta situación, los dirigentes del "movimiento de Cluny" se esforzaron por fortalecer a la iglesia implantando severas reglas. Entre ellas, se impuso el celibato. El año 1073 llegó a ser Papa el monje Hildebrando, adalid del "movimiento de Cluny". Tomó el nombre de Gregorio VII. Este Papa concibió un Estado mundial, encabezado por el Papa como soberano absoluto. Para lograrlo, requería que las tierras propiedad de la iglesia no se desmembraran. De él es esta frase: La iglesia nunca se verá libre de las garras del laicado si antes los sacerdotes no logran liberarse de las garras de sus esposas.

En 1095, el Papa Urbano II ordenó la venta de las esposas de los sacerdotes como esclavas, dejando a sus hijos en el abandono. En el siglo XII se realizaron cinco concilios en Letrán, Roma. En el primero se decretó que los matrimonios clericales no eran válidos.

A pesar de estos esfuerzos, la historia demuestra que no fue fácil imponer el celibato clerical. En el siglo XV, el 50% de los sacerdotes estaba casado y ocho Papas contrajeron matrimonio después del primer Concilio de Letrán. Entre el siglo XII y el siglo XV, y siendo tan normal y habitual que los sacerdotes tuvieran concubinas y no cumplieran con la ley del celibato, los obispos instauraron la llamada "renta de putas", que fijaban lo que el sacerdote debía pagarle al obispo cada vez que mantenía relaciones sexuales. En 1435 terminó de aplicarse este cobro.

Fue el Concilio de Trento (1545-1563) quien implantó definitivamente la disciplina del celibato obligatorio para los sacerdotes y prohibió explícitamente que se ordenara como sacerdotes a hombres casados.

En las iglesias ortodoxas orientales los sacerdotes se pueden casar y sólo se exige el celibato a los obispos. La Reforma protestante del siglo XVI rechazó vigorosamente el celibato del clero.

El Papa Pablo VI en su Encíclica "Sacerdotalis Coelibatus" (1967) reafirmó la doctrina del celibato obligatorio, afirmando que el celibato da plenitud a la vida, es fuente de fecundidad apostólica, es la relación más íntima y más completa con el misterio de Cristo y de la Iglesia y con él los valores humanos más elevados pueden encontrar su más alta expresión

Celibato opcional

En los años 70 surgió en España y en otros países de Europa y del mundo el Movimiento por el Celibato Opcional (MOCEOP), integrado por sacerdotes católicos casados, que siguen vinculados a comunidades cristianas "de iguales", sin jerarquías, y que trabajan, con sus familias, por desclericalizar los ministerios eclesiales y construir una iglesia integrada por comunidades de personas corresponsables todas ellas de llevar al mundo la buena noticia de justicia y de equidad de Jesús de Nazaret.

Comentarios

  1. Si el Estado teocrático no alcanzó mayor perfección no fue por culpa de las autoridades religiosas. Han señalado todos los autores la descomposición de la Iglesia en el curso del siglo VII. Para nosotros la cuesta abajo se acelera desde el VIII Concilio toledano, es decir, cuando aparece con mucho mayor fuerza la colusión entre ambos poderes. No se puede culpar ni a una sociedad, ni a un cuerpo determinado, ni a un grupo profesional, por la comisión por sus miembros de hechos contrarios a la moral imperante o al derecho natural.
    Esto es el fruto de la imperfección humana. Mas, cuando los actos que se condenan necesitan para su represión el peso de una ley coercitiva, se debe deducir que no se trata de un caso particular, sino de delitos suficientemente extendidos para que su atajo requiera la elaboración de una norma con carácter general. No se le ha ocurrido a ningún legislador establecer una ley en contra de los homosexuales por haber llegado a sus oídos un caso de sodomía. Es esto lo que llama
    poderosamente la atención del lector cuando medita sobre las actas de los últimos concilios
    toledanos.
    Existe en los eclesiásticos un afán de lucro desmedido que les conduce a realizar actos delictivos.
    Han reunido los obispos tales riquezas que su conservación y administración requiere una
    legislación prolija que se repite en cada concilio. Las más notables son las medidas reiteradas para impedir que los sacerdotes de un obispado entraran a saco en sus bienes al fallecer el titular. Pues era corriente que el obispo recientemente nombrado se encontrara con las arcas vacías. Se tomaron medidas para que no ocurriera lo contrario y por caridad no despilfarrara a su muerte los bienes de la Iglesia. No nos podemos extender. Concluiremos con Thompson que «esta incesante legislación de los concilios, a lo largo del siglo, nos da una clara visión de la rapacidad y extorsión
    de los obispos».
    En el XI Concilio toledano, reunido en el reinado de Vamba, en 675, se promulgan varios cánones edificantes: los sacerdotes que violen, asesinen o cometan otras violencias son sometidos a la ley ordinaria. Determinó el concilio una serie de medidas que establecían un trato especial a los obispos.
    No están sujetos a la pena del talión si han cometido un adulterio con la mujer de un gran personaje o han violado su hija o su nieta; tampoco si han cometido un homicidio en la persona de un palatino.
    «Nada se dice de los obispos que asesinasen a inferiores o sedujesen a sus mujeres.» El caso no revestía importancia para que se ocupara de ello la asamblea.

    Del libro: "La revolución Islámica de Occidente" del historiador Ignacio Olagüe.

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