Huellas del clericalismo en las iglesias protestantes

El pastor bueno para todo. Esta consecuencia lógica del mal entendido clericalista se puede ejemplificar de forma particularmente práctica con la figura del pastor como "un cerdo que pone huevos, da lana y proporciona leche" que creó Edward Steinward. El pastor es un predicador, un consejero, un académico, una especialista en relaciones públicas, un organizador, un trabajador social, un evangelista, un maestro de ceremonias, un profesor "y un competente en todo lo demás, excepto quizá en caminar sobre el agua". Este ideal, que en realidad condena al pastor a ser un mediocre en todas esas áreas, consolida la mentalidad de exigir el pastor perfecto que existen muchas iglesias. "atrapado en el papel de un carismático bueno para todo, a menudo, acaba siendo un sustituto de la propia iglesia." Así, los dones están atrapados en el oficio de pastor. El pastor es el rey, el sacerdote, el profeta y el maestro. Todos sirven a uno y uno sirve a todos. De esta manera, la iglesia permanece inmadura y el pastor sobrecargado."
Los miembros de la iglesia como ayudantes del pastor. cuando la gente quiere justificar la cooperación de los miembros de la iglesia (que no es, estrictamente hablando, realmente necesaria en el clericalismo)  a pesar del paradigma clericalista orientado al pastor, es interesante observar que normalmente lo hacen utilizando argumentos puramente pragmáticos; y aquí utilizo la palabra pragmático, que se puede interpretar de varias maneras, en su sentido más negativo. El argumento es el siguiente: "Desgraciadamente, los pastores no pueden cumplir todas las tareas que deben desempeñar. Por tanto, necesitamos gente laica para llevarlas a cabo. Sería mejor que los pastores pudieran hacerlo todo, pero como esto no es posible, no hay forma de evitar tener como ayudantes a los miembros de la iglesia." la sicología que hay detrás de estas palabras es tristemente común en el cristianismo - incluso cuando las iglesias hacen declaraciones teológicas del "sacerdocio de todos los creyentes". Pero la relación entre los dos conceptos: "miembros de la iglesia que ayudan a su pastor" y "sacerdocio de todos los creyentes" es una relación netamente exclusiva. [Nota: agradezco a quienes comentan y leen abstenerse de buscar alguna justificación con el ejemplo de Jetro y Moisés (éxodo 18:14-26), y en su lugar buscar los principios bíblicos que sustentan uno u otro modelo.]
El líder como gurú espiritual. en este concepto se espera de los miembros que se "sometan" de manera similar a la idea no cristiana de "gurú". La gente no se somete a sus líderes por la competencia de los líderes en ciertas áreas, sino completamente porque son sus líderes. Intentan conseguir dirección (absolutamente válida) de su gurú espiritual incluso el de áreas en las que su competencia es claramente escasa. Esta servidumbre a las autoridades cristianas (y seculares) me parece un vestigio particularmente persistente de clericalismo, que se puede apreciar en grupos que rechazan teológicamente, por ejemplo la legitimación autoritaria sacramentalista del clérigo. Aquí "a a la obediencia a la autoridad se compara con la moralidad". ¡El líder es un General!
Implicación activa en forma "taylorismo" espiritual. Este concepto es probablemente la expresión más drástica del punto de vista en personal de humanidad que, como hemos visto repetidamente, casi siempre subyace en el paradigma institucionalista. El punto de partida en este patrón de pensamiento no son -como es característico del concepto de "ministerio según dones"- los dones espirituales en el cristiano individual, que, en un segundo paso, se relacionan con ministerios específicos. Se sigue el procedimiento contrario: se fija una lista de tareas, después se buscan los "voluntarios". En este concepto tecnocrático, los que están activamente implicados no son más que parte de un sistema de rueda dentada ya definida estáticamente. Las tareas que necesitan ser llevadas a cabo son los puntos fijos, y los cristianos deben adaptarse a ellos. Este modelo se puede definir común a formar empañada espiritualmente de "Taylorismo". [Nota: proveniente de F.W. Taylor, quien intentó racionalizar los procesos de trabajo para desarrollar un procedimiento estrictamente metódico para incrementar la productividad en el trabajo]
Servicio en la iglesia como sacrificio. Este concepto es la culminación del mal entendido que hemos bosquejado hasta ahora. . En este enfoque es casi imposible (y a veces se considera un peligro a evitar) que hay quien disfrute con su ministerio en la iglesia. Los pastores y los miembros están siempre en el lugar equivocado (esto es, no están en el lugar que el espíritu Santo les mostró cuando les dio sus dones espirituales correspondientes). Por tanto experimentan la frustración de tener que realizar una tarea que no está en concordancia con sus dones. Pero esta frustración no se interpreta como una consecuencia directa de la desobediencia A su deseo personal, o como ignorancia; más bien se considera un signo de que un cristiano está donde debe estar, porque según este concepto, el auténtico servicio Cristo es siempre un "sacrificio". Mi intención aquí no es criticar el concepto bíblico de "servicio como sacrificio"; si no que lo que deseo o criticar es una mentalidad de sacrificio que surge de un enfoque que no se basa en los dones. La gente que sufre haciendo tareas para los que no tienen los dones adecuados se echan la culpa a sí mismos. No deberían esperar que su ineficacia (e incluso su arrogancia espiritual, como vemos cuando examinamos más de cerca la imagen del "cerdo que pone huevos, da lana y produce leche") se vea espiritualizada con un reclamo pseudoespiritual de "sufrir por Cristo". Debemos diferenciar claramente entre el sufrimiento autoimpuesto que surge de una teología poco sólida y el sufrimiento genuino por Cristo como el que describe la Biblia.
No importa la manera en que el malentendido clericalista se expresa en la práctica, muestra una tendencia a conducir a los miembros de la iglesia -y no es sorprendente- a hacer "la declaración que pone los pelos  de punta" de que, en cierto sentido, "la iglesia es el pastor y el pastor es la iglesia". Esta identificación es el punto central del clericalismo. la iglesia es destronada en favor del pastor, y por tanto, queda en peligro de resultar superflua. el grupo que ha pasado siglos justificando este concepto con argumentos más o menos sofisticados no debería quejarse de las consecuencias. "la soledad del clero", con la que a menudo se encuentran y de la que se lamentan, con todos los efectos negativos para su autoestima, es justamente la otra parte de la misma teoría que los clericalistas han utilizado para salvaguardar su legitimación y autoestima durante siglos y siglos.

Comentarios

  1. Exceptuando esa (ya casi semántica) diferencia entre clero y laicado -diferencia que ha creado el clericalismo y el laicado ha permitido que se creara- los párrafos que has marcado y elegido para publicar son excelentes.

    Te agradezco el esfuerzo de leer en libros y en la vida misma porque no son fáciles esas lecturas.
    Sobre todo, porque el ruido existente está interesado en que quienes leen los acontecimientos relacionados a nuestra fe no puedan mantener con claridad el objetivo de observación y lo distraigan de un lado a otro.

    Es un ruido interesado en que los observadores se extravíen en el intento de entender cuál es la idea principal que rige y mantiene a nuestro mundo, y que no sepan cuál es la línea que va siguiendo.

    Que no te dé vergüenza como si fuera un elogio. Me da esperanza y felicidad ver que hermanos tan jóvenes tienen una enorme claridad en descubrir ideas principales y líneas guía en todas las lecturas de letras, de escenas y de realidades que hagan. Y que el ruido -del que somos parte- no los seduzca ni los compre.

    Un gran abrazo.

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  2. Verro!! una fotografia de la iglesia actual, que bien como lo explica el tipo no??
    Leyendo lo de Taylor me recorde una frase de Richard Halverson que lei en el blog de Fausto:
    "El Cristianismo empezó en Palestina como una comunidad. Pasó a Grecia y se transformó en una filosofía. Luego Roma la usó, y se transformó en una institución. Finalmente vino a América, y se transformó en una empresa."
    Desaprendiendo para volver aprender

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  3. Hola Anyul, me he alegrado mucho de poder "leerte" de nuevo. ¿Sabes? Yo asistía a una congregación en la que primero se establecía el trabajo que se debía hacer, y luego se le "asignaban" personas a los mismos; siempre pensé que debía ser justo al revés (de hecho, este sistema no solía dar buenos "resultados") y ahora aprendo que eso se llama Taylorismo. Una vez más se cuelan los "empresarios" a crear "doctrinas". ¡Que sorpresa! <:)>

    Por otro lado, eso del super-pastor está muy de moda, y coincido contigo en que parece que a las congregaciones les gusta ser como botellas... ¿Por qué? Porque puede tener un magnífico contenido, y vino de paladar exquisito, pero por muy rápido que quiera echarse, el cuello de la botella marca la cantidad de líquido que pasa... Como esos pastores, que por querer hacerlo todo (o porque los cristianitos se lo exijan, que existen los dos casos) al final, no pueden dar más de sí.

    ¡Cuantas frustraciones nos ha aportado esa actitud! ¡Cuanto gente "quemada" por no sentirse capaz de cumplir con sus expectativas! Claro, que no coincidían con las de Dios...

    Pero hay un "pequeño" problema: Que el clericalismo no suele estar dispuesto a que los "laicos" les den lecciones acerca del gobierno de la iglesia, de modo que sigo pensando (quizás no debiera) ¿Cómo llamará Dios su atención? ¿Habrá alguno que pase por blogs como este y se deje "enseñar"?

    Un abrazo

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  4. Anyul,

    Te he respondido en Teología Sin Nombre.

    Para añadir más al tema, citaré de D. A. Carson un ejemplo de clericalismo donde el "predicador" es quien debe capacitar a la feligresía sobre ¡cómo comseguir la libertad de Cristo!. Dice Carson:

    "[...] cómo un adolescente es incapaz de pensar por sí sólo debido a las veinte mil horas de imágenes que han pasado ante él, a menos que el predicador, por la gracia de Dios, presente un estilo de vida radicalmente diferente y sirva como vehículo de gracia para capacitar a la gente de su congregación para conseguir con decisión, alegría y sentido de aventura la libertad que a Dios le agrada."

    Énfasis míos.

    D. A. Carson. 1999. Amordazando a Dios: el cristianismo frente al pluralismo. Barcelona: Andamio. pp. 46, 47.

    Se sobrecarga aquí al predicador (o pastor) con llevar "un estilo de vida radicalmente diferente" (¿y qué de la feligresía?), y "capacitar a la gente de su congregación" (¿porqué centralizarlo todo si se supone que la iglesia sea una comunidad, no una empresa, como bien ha aseverado John Colmenares en su post más arriba.

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