Un padrenuestro latinoamericano (Mario Benedetti)
Padre nuestro que estás en los cielos, con las golondrinas y con los misiles, quiero que vuelvas antes de que olvides cómo se llega al sur de Río Grande. Padre nuestro que estás en el exilio, casi nunca te acuerdas de los míos; de todos modos, dondequiera que estés, santificado sea tu nombre, no quienes santifican en tu nombre cerrando un ojo para no ver las uñas sucias de la miseria. En junio de mil nueve setenta y cinco ya no sirve pedirte "venga a nos el tu reino", porque tu reino también está aquí abajo, metido en los rencores y en el miedo, en las vacilaciones y en la mugre, en la desilusión y en la modorra, en este ansia de verte pese a todo. Cuando hablaste del rico, la aguja y el camello y te votamos todos, por unanimidad, para la gloria, también alzó la mano el indio silencioso que te respetaba pero se resistía a pensar "hágase tu voluntad". Sin embargo, una vez, cada tanto, tu voluntad se mezcla con la mía; la domina, la enciende...