La Biblia es el producto de mentes que estuvieron expuestas y fueron influenciadas y reaccionaron a las ideas y culturas de su época.
Una lectura comparativa revela la cultura compartida que poseían y la herencia literaria al mismo tiempo que muestra las diferencias entre los dos. Las personas responsables de la edición final de la Biblia, en algún punto entre el siglo 7 hasta el siglo IVo V, tenían una cosmovisión específica y la impusieron sobre las tradiciones más antiguas y las historias que se encuentran en la Biblia. Esta cosmovisión era el monoteísmo. Pero, ¿Por qué esta idea de un solo Dios en lugar de muchos es tan radical?
Este modelo revolucionario fue puesto a prueba por un hombre llamado Yehezkel Kaufmann en los años 30. Kaufmann argumentaba que el monoteísmo no evoluciona ni puede evolucionar del politeísmo, ya que están basados en dos cosmovisiones radicalmente diferentes, intuiciones radicalmente divergentes acerca de la realidad. Según él, la religión israelita no podía ser una evolución del politeísmo, fue un rompimiento radical con este. Esto se encuentra explícito en el texto bíblico. Fue una revolución en lugar de una evolución.
Bajo la perspectiva de Kaufmann, las similitudes entre las religiones del Antiguo Medio Oriente y los israelitas que todo el mundo encontraba y celebraba, era solamente en forma y estructura externa, en apariencia. No eran similitudes esenciales, diferían en contenido. Aunque compartían historias y leyendas, Kaufmann expresa que los israelitas adoptaron estas ideas y las transformaron en vehículos para expresar las ideas básicas del monoteísmo. Los ritos y cultos de los israelitas podían parecerse a los de sus regiones vecinas pero funcionaban de manera muy distinta, su propósito era drásticamente distinto. La monarquía israelita difería de la cananita de manera significativa por causa de su monoteísmo.
Kaufmann caracteriza a la religión pagana por "la idea de que existe una dimensión del ser anterior a los dioses y superior a ellos, de la cual dependen, y cuyos decretos deben obedecer" una dimensión metadivina. La naturaleza de esta dimensión metadivina varía de una tradición pagana a otra. Puede ser agua, el espíritu, en la antigua Grecia, una especia de politeísmo filosófico, puede ser el destino. Una vez que establecemos una dimensión primordial, una dimensión que está por encima de los dioses, que es independiente de ellos y primaria, hemos limitado automáticamente a los dioses.
La consecuencia de esto es que los dioses van a estar limitados. No son la fuente de todo, por lo tanto no puede existir la noción de una voluntad divina y suprema. Están limitados en poder, en sabiduría, aunque puedan ser muy poderosos o sabios.
Kaufmann expresa que la mitología es básica en las religiones paganas. Existen historias de las vidas de los dioses. Las religiones paganas contienen teogonías, cuentan del nacimiento y la muerte de dioses. Kaufmann declara también que esta dimensión metadivina contiene la esencia de todas las cosas, lo mundano y lo divino.
Según Kaufmann, esto significa que la religión pagana es frecuentemente un lazo muy fluido entre lo divino, lo humano y los mundos naturales. Se difuminan el uno en el otro porque todos proceden de la misma materia primordial. Y como los humanos también emergen ulteriormente de esta dimensión primordial existe una confusión entre lo divino y lo humano. Kaufmann argumenta que "la continuidad de la dimensión divina y humana es la base de la creencia pagana en la apoteosis", humanos convirtiéndose en dioses.
El poder que tienen los dioses no se atribuye al hecho que su voluntad es absoluta o su espíritu es absoluto. La dimensión que trasciende los dioses, es la fuente del poder y aquello de que está hecho es lo que contiene el poder. De esta manera, el poder es concebido materialmente, es inherente a ciertas sustancias y cosas, por lo tanto es posible la magia en tal sistema. Es posible al manipular estos materiales y sustancias para influenciar las actividades de la dimensión metadivina. En un sistema pagano, la magia es una manera de manipular a los dioses, eludir la voluntad caprichosa de los dioses y demonios. Se puede acceder la fuente ulterior de poder para influenciar a los dioses de una manera particular o protegerse de ellos. De forma similar, ocurre la adivinación. La adivinación es el intento de discernir el futuro, una vez más, se dirige directo a la fuente de poder. La adivinación está ulteriormente dirigida a conocer los secretos de la dimensión metadivina y no de los dioses.
El culto pagano como sistema de ritos involucra la manipulación de ciertas sustancias con fines ofensivos o defensivos acerca de los dioses. Muchos de los festivales culticos están basados en la mitología, la historia de la vida de los dioses. Otros son dramatizaciones de los eventos en la vida de los dioses: una batalla, la muerte o resurrección de un dios. Se creía que al dramatizar estos festivales de manera cultica, se traen poderes mágicos y puede asegurar el favor de los dioses en los procesos de la naturaleza. Son esenciales para el mantenimiento y la preservación del mundo.
Un punto final y muy importante: Kaufmann declara que en el mundo politeísta, la dimensión primordial contiene la esencia de todas las cosas: todo proviene de esta dimensión, bueno o malo. Dioses y demonios provienen de un mismo lugar y están enfrentados. Los seres humanos básicamente carecen de poder alguno en la lucha cósmica entre los dioses y los demonios, a menos que utilicen magia, la adivinación, tocar los poderes de la dimensión metadivina, eludir a los dioses que les pueden estar haciendo la vida miserable. Lo importante es que Kaufmann insiste que en la visión pagana el mal es una dimensión demoniaca antónima, está constituida en la estructura del universo.
La salvación, nos dice, es una preocupación de los seres humanos. Los dioses no están interesados en salvar la humanidad pues están ocupados luchando entre sí. La salvación se obtiene a través de la magia o por medios gnósticos, y así, mientras uno pueda eludir los dioses, atarse a uno mismo a los poderes de la dimensión metadivina hasta más allá del alcance de los demonios y los dioses caprichosos que hacen la vida miserable en la tierra, este es el camino de la salvación.
Así, Kaufmann nos dice que la cosmovisión pagana concibe un universo amoral. Existen dioses que son guardianes sociales, pero sus leyes no son absolutas. De esta manera la moralidad es definida como lo que es del gusto particular en un dios y que puede ser diferente del gusto de otros dioses. Y es este cuadro del universo, argumenta Kaufmann, el que es retado por la revolución monoteísta.
Kaufmann expresa que la idea fundamental de los escritos del antiguo Israel, carente de formulación sistemática pero que permea toda la Biblia con esta perspectiva, es una idea radicalmente nueva de un dios que es por sí mismo la fuente de todos los seres, que no emerge de una dimensión metadivina ni está atado a ella, un Dios cuya voluntad es absoluta y soberana. Las consecuencias de esta cosmovisión es que no tenemos mitología o teogonía en la Biblia. Dios no crece, no envejece, no madura, no posee una consorte femenina. Dios no muere. De esta manera, reclama Kaufmann, por primera vez en la historia nos encontramos con un Dios ilimitado que es atemporal, sin edad, no físico y eterno.
Esto significa que este Dios trasciende la naturaleza, más bien la naturaleza se convierte en una etapa de la expresión de su voluntad. Pero la naturaleza no es dios mismo. No está identificado con ella. Él es completamente otra persona. No existe la apoteosis en la Biblia tampoco, ni la vida después de la muerte. Se representa la magia como algo inútil. De esta manera, el mundo se ve desmitologizado, y la magia es vista como pecado, como una rebelión contra Dios ya que es predicada en la noción equivocada de que dios es un ser con poderes limitados. Existen concepciones mágicas en la Biblia, pero los editores de las historias en las que aparecen frecuentemente las manipularon para hacer ver que esta era la voluntad de Dios. Kaufmann argumenta que la magia en la Biblia es una reinterpretación de la soberanía de Dios.
La adivinación también es inadmisible dentro de la idea monoteísta, porque presupone la existencia de una dimensión metadivina que trasciende a Dios. Es un intento de revelar los secretos de Dios en una forma impía. Sin embargo, es permitido hacer preguntas a Dios a través de oráculos, pero Dios se revela bajo su propia voluntad. No existe ritual que lo pueda coaccionar.
De la misma manera, el culto no tiene poder material. No es un lugar donde cierta clase de magia coercitiva ocurre. Tampoco está diseñado para servir las necesidades materiales de Dios. No afectan su vitalidad ni su poder. No se celebran eventos en la vida de Dios. Por causa de esto las razones mitológicas para el culto que encontramos entre los vecinos de Israel son reemplazados por razones históricas, al conmemorar tales o cuales eventos en la historia de la nación. Así, según Kaufmann, los festivales paganos son historificados, conmemorando los eventos en la vida del pueblo y no la historia de la vida de Dios puesto que no tenemos mitología.
Ya que dios mismo es la fuente trascendente de todas las cosas y que él es bueno, en un sistema monoteísta no existen agentes del mal que constituyen una dimensión que se opone a Dios como rival equivalente. Si Dios es la fuente de todas las cosas, no puede existir una dimensión de seres sobrenaturales que luchan contra él. No hay lugar para un papel antagónico divino, lo que nos lleva a una visión desmitologizada del pecado y la maldad en la Biblia hebrea. Este es un aspecto interesante porque va a generar grandes problemas con los cuales luchan hasta el día de hoy para toda visión monoteísta. En el mundo pagano el pecado es entendido como la obra de un demonio y que se eliminaba por medio de la expulsión del demonio o exorcismo. Pero la religión israelita no concebía el pecado como algo causado por un poder maligno independiente que existe allá fuera en el universo desafiando a Dios. En lugar de ello la maldad es vista como el resultado del choque entre la voluntad de Dios y la voluntad de los seres humanos que tienen la libertad de rebelarse. No existe nada sobrenatural en la concepción del pecado. La maldad es una realidad moral y metafísica. La responsabilidad por el mal recae en las manos de los seres humanos. En la Biblia hebrea, nadie va a decir que el demonio le hizo hacer tal o cual cosa. No existe el diablo en la Biblia hebrea. Esto es también una invención de siglos posteriores. Es una revolución crítica ética importante. Gen 4:7b "el pecado está a la puerta, pero tú puedes dominarlo" es una cuestión de elección moral.
El punto final en el ensayo de Kaufmann es que la única ley suprema es la voluntad de Dios. La visión pagana de un universo amoral y poderes en competencia, el bien y el mal, es transformado en la visión de un universo moral. La más alta ley es la voluntad de Dios que impone una moralidad en la estructura del universo. Israel concibe la divinidad de una forma completamente nueva. El dios de Israel trasciende la naturaleza y su voluntad no es solamente absoluta, sino absolutamente buena y moral. Podríamos objetar que el monoteísmo es la personalización de la dimensión meta divina, pero acá encontramos que no solo Dios es el único poder sino que también que él es el único bueno y este no es el caso del reino metadivino, que es moralmente neutro. Kaufmann expone que aunque Dios es desmitologizado, no es interpretado de forma completamente impersonal. Se es referido de forma antropomórfica, de esta manera podemos capturar su interacción con los seres humanos. Esta es la única manera, refiere Kaufmann, en que podemos hablar de manera significativa sobre la interacción de Dios y la humanidad. Pero esta interacción acontece a través de la historia en lugar de la naturaleza. Él es conocido por su acción en el mundo en el tiempo histórico y en su relación con personajes históricos.
Según Kaufmann "la idea pagana no es un acercamiento al monoteísmo de Israel al mismo tiempo en que disminuye el número de sus dioses. La concepción israelita de la unidad de Dios implica su trascendencia soberana sobre todo... Rechaza la idea pagana de una dimensión más allá de la deidad, la fuente de la mitología y la magia. La afirmación que la voluntad de Dios es suprema y absolutamente libre es una categoría de pensamiento nueva y no pagana". Kaufmann afirma que esto no está declarado dogmáticamente, pero permea la creatividad israelita y los textos bíblicos. También afirma que la idea se desarrolló con el tiempo, pero existía fundamentalmente una revolución y un rompimiento y con ello el desarrollo del potencial latente de esa idea.
Tenemos por un lado entonces la afirmación que la religión israelita es esencialmente continua con el politeísmo del Antiguo Medio Oriente. Está disminuyendo meramente el número de dioses adorados a uno, pero encierra a Dios en el templo. Y por otro lado tenemos la afirmación de Kaufmann que la religión israelita es un rompimiento radical con la religiones del Antiguo Medio Oriente. Gracias al trabajo de Kaufmann entendemos que como sistemas, la diferencia entre el Dios de Israel y los dioses vecinos no era solamente una diferencia cuantitativa sino cualitativa. Pero también es un hecho que existen prácticas e ideas que no son estricta o fuertemente monoteístas en la Biblia.
Este impasse puede ser resuelto si notamos la distinción entre las prácticas religiosas actuales (de aquel tiempo) de los habitantes de Israel y Judá (lo llamaremos religión israelita) y lo que era promovido o la cosmovisión promovida por los escritores y editores posteriores que cuentan la historia de este pueblo (lo llamaremos religión bíblica), la religión o la cosmovisión que emerge de los diversos textos bíblicos.
No podemos saber a ciencia cierta lo que creían los israelitas de hace 2000 años, pero tenemos claves de ello. Durante el periodo patriarcal, la arqueología nos sugiere que ellos probablemente no diferían en gran manera de sus vecinos politeístas. Muchos eruditos conjeturan que la religión israelita era probablemente monolítica. Más aun, existe evidencia que sugiere que Yahveh era similar en muchos aspectos a los dioses de la religión Cananita. Se aprecia una continuidad entre las prácticas de adoración y los objetos de culto en el Israel antiguo descritos en las historias bíblicas y las de los hallazgos arqueológicos con las religiones Cananitas y del Antiguo Medio Oriente.
La Biblia hebrea también contiene fuentes que exhiben características que Kaufmann ha descrito como politeísmos contemporáneos. Génesis 6 describe seres divinos que descienden a la tierra y tienen relaciones sexuales con mujeres humanas. En muchos pasajes también Yahveh es representado presidiendo un consejo de dioses. En los salmos encontramos descripciones poéticas y metafóricas donde Dios está presidiendo un concilio y toma el mando. Finalmente existen pasajes en la Biblia que asumen la existencia de otros dioses adorados por otras naciones.
Ahora, sin embargo, las fuentes monoteístas más fuertes en la Biblia muestran marcadamente que Dios es cualitativamente distinto de los dioses que poblaban la mitología de sus vecinos y probablemente de la religión israelita. El monoteísmo bíblico asume que este único Dios es inherentemente bueno, por tanto, la moralidad humana es actuar conforme a su voluntad. Por esta razón el monoteísmo bíblico es también llamado monoteísmo ético. Comenzando alrededor del siglo VIII y continuando por varios siglos, círculos literarios decididamente monoteístas enmarcaron las antiguas historias y tradiciones de Israel en un marco monoteísta. Proyectaron su monoteísmo hacia tiempos anteriores, hasta los primeros ancestros de la nación. El monoteísmo bíblico es representado en la Biblia iniciando con Abraham. Históricamente, comenzó mucho después, probablemente como un movimiento de una minoría que luego fue ganando prominencia con el tiempo. Pero este monoteísmo tardío es proyectado en la historia de Israel por los editores finales de la Biblia y esto crea la impresión de la religión bíblica que Kaufmann logra describir tan bien.
Sin embargo, el texto bíblico de por sí, el registro bíblico, es muy conflictivo. Es posible observar el texto apuntar a dos realidades diferentes y conflictivas. Así que la religión bíblica que Kaufmann describe no es solamente una revolución contra otras naciones, es también una guerra civil de Israel consigo mismo.
Las diferencias entre el dios de las fuentes monoteístas de la Biblia y los dioses de la literatura mesopotámica de los alrededores y las antiguas ideas israelitas, son quizás aparentes desde el primer capítulo de Génesis. Próximamente veremos como estas historias son una adaptación de los motivos y temas del Antiguo Medio Oriente y expresan una nueva concepción de Dios y el mundo y la humanidad.
powered by Disqus