De esta manera, es irónico pensar que el pueblo con el legado más duradero, no fue uno que habitó en los grandes centros del Antiguo Medio Oriente, ni construyó grandes edificaciones. Si bien es cierto que logró asentar un pequeño imperio durante el año 1000 a. E. C. , luego se dividió en dos reinos más pequeños (el reino del Norte y el reino del Sur) y cada uno de estos reinos fue conquistado por dos grandes reinos: los Asirios y los Babilonios. A pesar de las pretensiones de sus Sagradas Escrituras, este fue un pueblo pequeño, humilde e insignificante. Sin embargo, este pueblo logró sobrevivir de alguna manera hasta nuestros días porque tenía una idea.
Las conquistas y el exilio normalmente significarían el fin de un grupo étnico particular. Los pueblos conquistados cambiaban sus dioses derrotados por los dioses vencedores y eventualmente ocurriría una asimilación cultural, un matrimonio mixto. Pero esto no les ocurrió a los Israelitas. Luego de su división, el Reino del Sur, compuesto tan solo por 2 de las 12 tribus de Israel, emergieron luego de la muerte de su estado, produciendo una comunidad y una cultura que persiste hasta hoy, y sus ideas y tradiciones establecieron la fundación de las tres grandes religiones de Occidente: Judaísmo, Cristianismo e Islamismo.
¿Cuál es esta idea tan particular que permitió su supervivencia? En el Oriente Antiguo la concepción del universo más común es desconocida para nosotros. Se creía comúnmente que las fuerzas de la naturaleza estaban imbuidas con algún poder divino, o que eran divinidades en sí mismas. En otras palabras, los dioses eran idénticos o inminentes en las fuerzas de la naturaleza. Existían muchos dioses, por lo tanto no existía un único Dios Todopoderoso.
Existe muy buena evidencia que los antiguos Israelitas compartían esta cosmovisión. Ellos participaron en las etapas más tempanas de la amplia cultura religiosa del Antiguo Medio Oriente. Sin embargo, con el curso del tiempo, y no de manera unánime, ellos rompieron con esta cosmovisión y articularon una nueva, en la que había un poder divino, un dios. Pero mucho más importante que el número era el hecho que este dios estaba afuera y por encima de la naturaleza. Este dios no era identificado con la naturaleza, él la trascendía. Este dios era conocido a través de la historia, eventos y una relación particular con la humanidad. Esta idea que parece simple y nada revolucionaria afectó cada aspecto de la vida del pueblo israelita mientras se hacía más clara para ellos. En varias complicadas formas esta idea hizo posible que los Israelitas interpretaran los eventos más trágicos y catastróficos, como la destrucción de su capital y el exilio del pueblo remanente, no como una derrota o rechazo del dios de Israel hacia su pueblo, sino como un proceso necesario en el plan de Dios para Israel como entidad étnica.
Los Israelitas dejaron para nosotros el registro de su revolución cultural en los escritos que son conocidos como la Biblia Hebrea, y en este curso será examinada como la expresión de la vida religiosa y el pensamiento de Israel y como el documento fundacional de la civilización occidental.
El curso tiene varios objetivos:
- La familiarización con los escritos de la Biblia Hebrea.
- Introducción a algunos acercamientos al estudio de la Biblia.
- Realizar un acercamiento hacia la historia de la interpretación.
- La familiarización con la cultura del antiguo Israel representado en la Biblia y el trasfondo de su contexto en el Antiguo Medio Oriente. Esto como consecuencia de los descubrimientos arqueológicos mencionados anteriormente, indica que el trasfondo y origen de los escritos de la Biblia no provienen del vacío, sino que tienen su herencia en las culturas Babilónicas, Mesopotámicas y Sumerias, entre muchas otras. Estos paralelismos entre los primeros relatos del Génesis y las historias del Antiguo Medio Oriente han sido el objeto de estudios intensivos. Sin embargo, no son las similitudes sino las diferencias las que nos son importantes, puesto que ellas dan muestra de la trasformación de una herencia común en el Medio Oriente a la luz de esta nueva concepción de Dios y el mundo y la humanidad. Es significativo que los autores de la Biblia no solo recuentan la historia que era bien conocida, sino que la transforman para que sea un vehículo para la expresión de sus propios valores y perspectivas.
Antes de terminar es preciso que hagamos a un lado algunos mitos comunes acerca de la biblia, entre ellos:
- La idea que la Biblia es un solo libro. Que la Biblia sea un único libro implica que existe un estilo uniforme y un solo mensaje y un solo autor. La Biblia es en realidad una antología de libros escritos y editados en un periodo extenso por personas en contextos políticos, históricos, filosóficos, religiosos y morales diferentes. Existen muchos géneros literarios en la Biblia: narrativas, leyes, registros de los mensajes de los profetas, poesía, proverbios, salmos de acciones de gracia o lamentos confluyen en esta librería, por lo tanto no es un monolito ideológico. Cada libro o tradición dentro de un libro resuena con su propia nota en la sinfonía de reflexión que es la Biblia. Ellos escogieron incluir todas estas voces disonantes juntas, ellos no trataron de reconciliar los conflictos en ella y no debiéramos nosotros.
- Las narraciones bíblicas no son parábolas piadosas acerca de gente santa. Es más bien literatura psicológicamente real sobre personajes reales o muy realistas y sus situaciones de vida. Son personajes con ambiciones, deseos y conflictos morales verdaderos, y pueden actuar de forma egoísta o con muy poca visión. Pero también pueden crecer y aprender y cambiar. Si tratamos de reivindicar a los personajes bíblicos perdemos toda la sofisticación moral, sus implicaciones psicológicas, rasgos que han hecho que estas historias sean de interés universal y atemporal.
- La Biblia no es para niños. Existen temas en la Biblia muy adultos, particularmente en las narrativas. Contiene episodios de traición e incesto y asesinato y violación, y raramente moraliza u ofrece explicaciones morales. La Biblia no es para optimistas ingenuos. Está caracterizada por una sofisticación de estructura y estilo y una artística del tema y la metáfora.
- La Biblia no es un libro de teología. Los libros de catecismo o teología sistemática aparecieron mucho después. No hay nada en la Biblia que corresponda con la noción occidental de teología, de hecho no existe la palabra religión en la biblia hebrea. En los tiempos bíblicos y en el Antiguo Medio Oriente, por lo general, la religión no era una serie de doctrinas a las que uno suscribe, para ser israelita, uno tenía que integrarse en la comunidad israelita, vivir una vida israelita, y tener una muerte israelita, un proceso similar a la naturalización. Así que tenemos entonces que la Biblia no es un libro teológico, contiene muchas narrativas y materiales que dan cuenta de la odisea de un pueblo, la nación de Israel. Sin embargo, aunque no tiene declaraciones formales de teología, trata con asuntos morales y existenciales de manera indirecta, implícita. Utiliza el lenguaje de la historia, el salmo, la poesía, la paradoja y la metáfora.
- La Biblia misma no reclama haber sido escrita por Dios. La Biblia fue formulada, ensamblada, editada, modificada, censurada y transmitida -primero de manera oral y luego escrita- por seres humanos. Esta creencia es de un tiempo posterior. El Pentateuco, los 5 libros de Moisés, en ningún lugar declaran haber sido escritos enteramente por Moisés. La Biblia claramente tuvo muchos colaboradores a lo largo de los siglos, con estilos individuales y sus preocupaciones políticas y motivaciones religiosas los engaña frecuentemente. A pesar de esto, no existe incompatibilidad entre creer por fe la inspiración divina de las Escrituras y el reconocer el papel de los seres humanos en la formulación y edición y trasmisión y preservación de esta misma Biblia.
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